Kalain, reclusive painter.

Cuando estaba en la universidad me gustaba mucho escribir. Era una afición que me llenaba mucho entre otras cosas porque me permitía expresarme. Con el tiempo noté que cada vez me costaba más que las cosas quedaran como a mí me gustaba y dejé de narrar en favor de otras aficiones que fueron surgiendo.

Me da pena, eso sí, haber dejado de escribir porque había un par de historias que se quedaron dando vueltas en mi cabeza y que nunca llegué a plasmar.

Fue también en la universidad cuando me aficioné a Magic. Y fue, precisamente, por las historias que cuentan las cartas, por los personajes que crean los mazos y cómo los juegas por lo que llevo casi dos décadas barajando lujosos rectángulos ilustrados.

Pues no fue hasta hace unos pocos meses que no hilé que podía narrar una historia creando un mazo. Que podía sacar el relato de mi cabeza y sentir que por fin era real y no una quimera de mi imaginación.

Todo empieza con el general del mazo, Kalain, pintora solitaria.

La historia dice, más o menos, así:

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Érase una vez, una artista.

Sin embargo, era una artista de corazón, por que la vida tenía otros planes.

Ladrona por necesidad, ella soñaba con expresar el rico mundo interior que poseía. Pero era muy buena en lo que hacía. A veces era más sutil.

A veces menos.

Pero, como suele ocurrir cuando recorres el filo de la navaja, la sangre no tarda en brotar. Una noche intentó robar a quien no debía.

El extraño que la venció no terminó con ella. En su lugar, le habló en susurros preguntando «No es dinero lo que deseas, ¿verdad?».

El desconocido lo sabía. Sabía lo que ella quería. Sabía que quería ser artista. «Yo puedo hacer que lo consigas». Y de alguna manera ella sabía que podía ser así.

Y, de alguna manera, sabía que le costaría su alma.

Pero era su sueño. ¿Qué otra cosa podía hacer?

Podía pintar, por fin. Por fin era capaz de transmitir lo que tenía dentro a un lienzo. Pero había algo raro. El arte que producía, «lo que tenía dentro», parecía estar distorsionado.

Figuras grotescas, paisajes desolados, atmósferas asfixiantes… ¿Era ese su mundo interior? Pero el resultado estaba dando sus frutos. Su éxito fue inmediato. La fortuna le llegó como un torrente y alcanzó fama mundial por su característico estilo.

Pero la cosa fue a peor. Lo que veía cuando cogía el pincel y se disponía a pintar cada vez era más deforme, aterrador. Maligno.

Tenía que ser él. Él había arruinado su sueño. El alma que pagó se llevó consigo todo aquello que quería expresar. Sólo dejó… esto.

Pero, un día, tuvo una idea.

Decidió pintar un último cuadro y dejarse llevar. Pintar el cuadro más horrible que podía concebir. El más vil. El más cruel. Cuando terminó, lo cubrió con una sábana y, en lugar de venderlo a sus coleccionistas habituales, le buscó a él. En su presencia, le ofreció venderle el cuadro diciendo que, si no lo compraba él, seguro que alguien lo haría. El precio, eso sí, sería recuperar su alma.

«¿Por qué desharía nuestro trato?»

«Permíteme que te muestre el cuadro», dijo ella. «Se titula ‘La muerte del diablo'».

Él miró el cuadro. En silencio, ella se fue. Sabía que el trato se había cerrado.

Ambos sonrieron.

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¡Pues aquí la tenéis! Espero que os haya entretenido y, con un poco de suerte, inspirado a contar historias a través de vuestros mazos. ¿Lo habéis hecho alguna vez? ¡Decídnoslo en los comentarios.

En este enlace os dejo la lista de este mazo divertidísimo, barato y, la verdad, muy especial para mí. ¡Espero que lo disfrutéis!

https://www.mtggoldfish.com/deck/5792873#paper

Sobre el mazo, es una baraja de Pauper Commander con un objetivo sencillo: conseguir tesoros, bajar criaturas con infect con contadores y atacar fuerte y rápido.

Historia y decktech por Tréveron (@trevvieaamb)

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